martes, 23 de julio de 2024

CONFIANDO EN EL APRENDIZAJE NATURAL DE LOS NIÑOS Y NIÑAS por Mon Gómez


Gran parte de lo que necesitamos está en nuestro interior.

Aprendemos de dentro hacia afuera. El movimiento deviene de una necesidad interna y, al acompañarla, se dan los procesos necesarios para que se complete esta necesidad, buscando fuera lo que ayude a su satisfacción. 

Recuerdo a mi hijo mayor tratando de embarcar una pelota repetidamente, con cuatro años, una y otra vez, en el tejado de la casa de la Finca Los Olivos, donde tuvo su sede La Puerta Azul. Diría que se pasó horas con esto. Su necesidad interna de orden, su voluntad de repetir hasta conseguir, su empuje de desarrollo motriz y afinar esa motricidad en pos de un objetivo que él mismo se marcaba estaban de manifiesto. Procedían de su interior y al dejarlas libres, sin tiempo ni expectativa, se iban completando y desarrollando. Necesitó algunos materiales externos y en este caso, no más que la mirada ocasional de los adultos que lo acompañábamos. El resto: la motivación, la voluntad, la concentración, la experimentación, la memoria, repetición con variables y la dedicación temporal la puso él, con la protección de que ningún adulto interviniese en el proceso frenándolo o corrigiéndolo.

Aprendemos desde dentro. Dentro de nosotros la motivación, concentración, comprensión, memorización de aquello importante para nuestras vidas es un proceso natural y que se produce desde la necesidad. En el momento en que hay apertura a que un nuevo aprendizaje se prenda en el niño/a porque ha sucedido algo interna o externamente que estimula esa necesidad y la pone en foco, el cerebro reptiliano ( el más antiguo y vinculado a lo instintivo) y el cerebro límbico ( aquel que gestiona las emociones) ayudan a la grabación de lo cognitivo que van necesitando, van en línea. Es fácil asumir lo nuevo cuando es imprescindible a un nivel motivacional interno. Es difícil cuando es otro el que me dice que debo aprender en este momento, estas cuestiones que, tal vez, para mí, no están en primer plano, y entonces, necesito generar un esfuerzo extra adaptativo, probablemente para conseguir valoración, reconocimiento, pertenencia u otros esenciales para el niño.  Qué maravilla que esta valoración y reconocimiento y pertenencia no estén en cuestión siguiendo las órdenes internas, qué belleza poder seguir al niño o niña y valorar su proceso natural, facilitar lo que va necesitando, qué mejor regalo para su desarrollo pleno, desde su ser interno, que su conexión con quién es, qué necesita y qué le interesa hacia el mundo que le rodea y que le proporciona parte de esto, crecimiento, contacto relacional.

He trabajado durante más de una década en la escuela convencional y estaba convencionalmente convencida de que podíamos motivar a los niños y niñas, de que ese era el camino para que se interesasen por nuevas cosas y crecieran cognitiva, emocional, motriz, y espiritualmente, hasta que he caído en la cuenta del engaño.

Mereciendo la importancia de que el entorno del niño sea rico, variado, con personas que se fascinen por lo suyo, e intereses diversos rodeándolo, la motivación, la elección de por dónde seguir tejiendo su propia red neuronal interna, su propio esquema vital de aprendizaje, su deriva personal tal como lo llama Vega Martín, o su devenir espontáneo, tal como me gusta nombrarlo a mí, es un proceso interno y particular, no previsible. Intervenir en ello corrigiéndolo implica impedir que se desarrollen desde lo que les es propio.

Así en las escuelas, los especialistas en educación, y los padres desde las casas en ocasiones, las más que menos, proyectamos fuera lo que naturalmente se encuentra en el interior de cada niño si permitimos que brote.  Nos han ido engañando diciendo que vive fuera, y nos lo hemos creído y así lo trasladamos a la siguiente generación en un engaño que se perpetúa, y que ayuda al control y resta puntos a la confianza. Depositamos en otros la posibilidad de que nos motiven, en rutinas externas el poder de concentrarnos, o en técnicas de estudio la capacidad de memorizar u organizar pensamientos y, sin negar estas posibilidades, puedo afirmar que el camino es en dirección contraria, si nuestro interés real es permitir y facilitar el desarrollo humano.

La motivación y la concentración son capacidades internas que se activan naturalmente mientras respetamos y valoramos nuestro ciclo natural de necesidades. Quiere esto decir que, si no coartamos el ciclo biológico de necesitar e ir en pos de esa necesidad, y lo apoyamos, facilitando en el acompañamiento al niño que se dé y confiando en su sentir, ser, estar, pedir e interesarse interno, se produce de manera natural y sin esfuerzo extra, ni desvío, la motivación y la concentración casi constante con calidad y desde la confianza que procede del interior y no necesita de otros para que se active.

En la escuela actual y, desde las mejores intenciones, se trabaja en programas de atención a la diversidad,  motivación, métodos de evaluación para comprobar el aprendizaje, o planificación de técnicas de comprensión y memorización, muchas veces descontextualizados del propio aprendizaje, como herramientas externas,  con un coste de recursos humanos, temporales y económicos que me apena. Cuán más sencillo dejar ser a los niños y niñas y enfocarnos en lo que ya está y se da. Si diluyo mi influencia constante como profesor o profesora y permito que se dé con naturalidad el interés y lo sigo, ¿qué sucedería?, ¿cuál sería el riesgo? Quizá la pérdida de control y la ganancia de la confianza, quizá perder mi importancia para dársela al niño o niña y a su proceso personal, ganar en recursos humanos para acompañar y perder en currículos, programaciones y evaluaciones, y otras muchas transformaciones de mirada y estar. Sería simplificar la escuela a su esqueleto vital para que se recubriera sanamente de niños y niñas verdaderamente aprendiendo, deseando aprender lo que quieran aprender sin juicio ni expectativa de qué es mejor aprender o no, confiando en su tejido interno, en sus redes internas. Sería una verdadera revolución educativa que en algunos países tiene ciertos reflejos en los entornos homologados y en el nuestro en una extensa red de escuelas libres y activas y familias unschooling que han apostado por este enfoque de vida.

Desde la escuela o desde la familia parece que fuera necesario un aluvión de exigencias externas (elaboradas técnicas, recursos, ideas, planes que vienen desde fuera) para activar lo connatural al ser humano, la innata curiosidad, la motivación intrínseca a la vida y el crecimiento, la concentración ante lo que necesito prender en mí, la comprensión y el análisis del mundo y de mí mismo.
Y esto atrofia.

¿Y desde la familia? ¿Cómo funciona la proyección externa en lugar de la confianza en los procesos de interés y aprendizaje de los niños? Podríamos extender este aprendizaje no solo a los cognitivo sino también a lo emocional, motriz y espiritual. ¿Cuántos aprendizajes diarios son fruto de la espontaneidad y facilitación confiada de los adultos padres y madres que acompañan? ¿Cuántos son programados y dirigidos? Cuando la cualidad propia, inherente del niño, es el juego; la actividad por excelencia para digerir sus sucesos diarios emocionales, de acercarse con todo el cuerpo y prender los nuevos conocimientos, la forma de explorar su motricidad y desarrollarla y de encontrarse con algo más allá de sí mismos o tan en sí mismos como lo sensorial que, a mi entender, nos conecta con la parte más trascendental del ser humano y su silencio interno, su amplia comprensión.

¿De cuánto tiempo de juego libre  disfrutan los niños más allá de sus actividades programadas? Y dentro de ese tiempo, ¿cuánto de este tiempo es verdaderamente sin condicionar, dirigir, intervenir y es facilitado por adultos amorosos que proporcionan mirada y escucha cuando el niño la necesita? Sería interesante observar estos porcentajes en tu familia, tal vez te daría una idea de qué pequeña parcela de libertad disfruta tu hijo/a en su infancia si su vida transcurre en una escuela al uso y asiste a actividades extraescolares. 
Y esto atrofia.



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martes, 25 de junio de 2024

Decirles la verdad a los hijos/as por Mon Gómez


 (He escrito este artículo después de releer el libro de Laura Gutman:  Qué nos pasó cuando fuimos niños y qué hicimos con ello. Os lo recomiendo encarecidamente.)

Nombrar lo real.

Los niños tienen una maravillosa capacidad para integrar lo que suceda sin juicio y esta integración se produce con mucha facilidad en los primeros años, ayudada por el acompañamiento veraz de un adulto con el que estén vinculados. El juicio lo aportará el acompañamiento condicionado por parte del adulto. 

Que las circunstancias de su realidad sean idílicas o infernales puede ser en cierta medida una suerte o trágico, mas que no nombremos esas realidades tal como son es devastador. Produce una brecha entre la realidad y la percepción del niño por un lado, y el constructo mental (pensamientos, emociones) `que provienen del adulto que acompaña por otro y al no casar ambas partes ( lo que el niño percibe no cuadra con lo que el adulto le dice que pasa o siente o piensa) algo se descompone en su percepción global: no van en línea sensaciones, emociones, pensamientos y comportamientos, “algo no casa”… y se crea confusión. En esta batalla tiene las de ganar la visión del adulto y será la que probablemente se imponga sobre la percepción del niño. Y esta confusión que origina  la situación deviene en los niños cuando crecen en falta de orientación mental, emocional, sensorial, y otras cuestiones.
Estamos tan acostumbrados a vivir con ello que apenas reconocemos que puedan existir otras posibilidades de realización.


Si un niño en este tiempo de mente absorbente escucha de su mamá que “está bien” cuando él percibe que está llorando, su cuerpo tiembla y su rostro está abatido e incluso ( estoy convencida de esto, pues lo compruebo con mis hijos pequeños una y otra vez) es capaz de sintonizar con los pensamientos de dolor y/o de sufrimiento de la madre, algo sucede que no casa. No encaja. El mundo tal como lo percibe el niño no corresponde al mundo tal como lo nombra mamá y mamá es  tan importante y el niño tan dependiente que prevalecerá el nombre que mamá le dé y el niño se desconectará de su sensación o percepción personal, es decir, dejará de confiar en sí mismo. En pocas palabras, dejamos de fiarnos de nosotros mismos para pasar a fiarnos de otros. Nos quedamos solos. Sin lo esencial. Nos quedamos sin acompañamiento ni anclaje. A merced de los vientos.

Y si un niño siente enfado con otro y su mamá se lo ningunea, sin atender y licitar,  y decide centrar la atención no en la vivencia emocional del niño sino en  la situación, en lo que el otro niño siente, piensa, debería ser… entonces el niño aprenderá a no escucharse y tergiversarse cuando sienta enfado, de tal manera que no podrá atender a sus propios límites personales porque desconocerá su ubicación: carecerá de esa estructura básica.

Y si un niño recibe violencia de su madre, que lo agarra fuerte para sacarlo de una situación incómoda para ella, por ejemplo,  y le nombra esta verdad camuflándola en su ser contrario: “la bondad de esta madre que ayuda a su hijo” en lugar de nombrar su incapacidad para acompañarlo y el resorte automático que se genera, entonces este niño pensará que la violencia es algo bondadoso y la ejercerá por el bien de su hermano, sus amigos, sus hijos en un futuro y buscará a quien se relacione desde ahí.

Y si cuando un niño está feliz de haber hecho algún descubrimiento y se lo comparte a mamá, la mamá le llama a esa felicidad y alegría "jaleo, ruído, molestia" entonces aprenderá que cuando siente alegría ese nombre es molestia y poco a poco irá asociando la molestia con la alegría y no la podrá disfrutar. Qué loco todo esto y qué real.

  • ¿Y qué pasaría si dijésemos la verdad? O al menos tanta verdad como seamos capaces de observar y reconocer…
  • ¿Qué se pondría en juego en mí como adulto/a?
  • ¿Qué se pondría en cuestión en mí como adulto/a?
Tal vez se pondría en juego mi imagen, mi dificultad para admitir mis equívocos,  y en cuestión mi  capacidad de maternar amorosamente, mi miedo a sentir, quedaría al desnudo mi vulnerabilidad y humanidad, mi dificultad para vincularme a mi peque o separarme de él… bueno, esto es así, es un secreto a voces en nuestra generación y las anteriores, basta dar un paseo por la calle o un parque y podríamos hablar de hermosos ejemplos de encuentro entre padres e hijos y de devastadores momentos de relación entre estos mismos padres e hijos.

Nombrar el daño, nombrar el amor, nombrar lo que siento, nombrar lo que hago, ayuda a integrarlo. Los niños pueden integrar experiencias duras, de guerra, pérdidas de seres queridos, etc., si son bien acompañados, si se les nombra la realidad con palabras simples y se acogen los sentimientos que de ella devengan. Y esta experiencia difícil les enriquecerá y los humanizará, los hará más comprensivos en el futuro del corazón humano. Mas ante experiencias mucho más sencillas manipuladas y falseadas, el niño se perderá y puede hacerse un mundo y desarrollar verdaderos problemas anulando espectros de sentimientos ( enfado, tristeza, rabia, etc.) o tergiversando las realidades que le fueron dadas en falso por su mamá o su papá o cualquier otra figura de cuidado primaria.

Me viene a la mente Rebeca. Rebeca Wild, que era guía Montessori, adoraba los materiales sensoriales que se emplean en los ambientes para niños y niñas de entre 3 a 6 años. Unos cuantos de ellos corresponden a pares que se deben emparejar desde los diferentes sentidos: olfato, gusto, vista, tacto, oído. Ella los contemplaba sagradamente y , como si fuera la primera vez que jugase, los hacía cuadrar, “ casaban o no casaban” unos con otros: “ este casa con este”,  “este no casa”. Y este es una de nuestros primeros aprendizajes: la percepción sensorial de la realidad y encontrar los iguales. Lo que sí va, lo que no va. En el futuro se convertirá en un concepto sólido si tenemos estos perceptos  bien asentados y entonces podremos decidir lo que del mundo casa entre sí o casa con nosotros para decisiones más determinantes que juntar un par de olores o sabores.

¿Pero cómo vamos a saber lo que casa con nosotros si nuestra brújula interna está falseada?
¿Cómo vamos a saber qué sí o qué no si solo podemos sentir parte del espectro emocional y adquirimos confusión sobre nuestras percepciones porque han sido negadas o no escuchadas o directamente confrontadas?

Así que si la base está  desajustada, aprenderemos a renunciar a lo nuestro y no podremos saber qué casa con nosotros, y puede ser que tomemos muchas decisiones incluso en nuestra contra o, al menos, sin que nos sean nutritivas.

Otro de los  sabios planteamientos de Rebeca Wild  era “ digo lo que hago” y “ hago lo que digo” y me ahorro muchas otras palabras innecesarias. Al trabajar con los materiales  manipulativos de cálculo esta tarea de “ decir lo que haces y hacer lo que dices” que parece tan simple, nos abre al darnos cuenta de la brecha entre nuestra palabra y nuestra acción. Poco a poco, al trabajar desde aquí se producen cambios, porque empieza a ajustarse palabra y acción y a transformar nuestras vidas. Y sé de casos de fuertes crisis de parejas y reajustes a posteriori positivos, porque a pocos alguien en la casa empezó a decir lo que hacía y no a callarlo, o a hacer lo que decía y no a dejarlo pasar, tras su trabajo en materiales.

Si le cuento al niño lo contrario de lo que hago, pues lógicamente el niño estará confuso, pero dada su necesidad de amparo y amor, preferirá desintegrar la realidad a considerarme poco fiable, pues soy su sostén. Si el sostén es poco fiable, ¿qué va a ser de él? Está en juego su supervivencia y eso es más grave que ninguna otra cosa para un niño/a.

Así que creerán las mentiras como si fueran verdades por no cuestionar la figura materna.

Y cuando de mayores, de repente, alguien nos dice una verdad no nombrada, se suele producir un estado de choque, de confusión, que suele quedar en el silencio, hasta que se va ajustando e iluminando esto nuevo de mí que no veía. Ese mismo estado de confusión por el que transitábamos de pequeños cuando la asociación entre lo que decía mi madre y lo que yo percibía no cuadraba, esa misma confusión que se va deshaciendo cuando nosotros o personas que nos acompañan le ponemos palabras a la realidad que fue o es, y tras pasar por un momento de asombro, hacemos “click” y podemos entender mejor.

Los hijos son una oportunidad fascinante para que esto se dé en nosotros, esos “cliks”, y también para que tomemos conciencia como padres y cuidemos de validarlos, escucharlos, confirmar su percepción, sus emociones y su mirada al mundo y se lo puedan llevar como un tesoro de conexión consigo mismos a la adultez. El tesoro que traen por vivir. No robarles el tesoro de ser y estar con ellos mismos. Un proceso de madres-hijos o padres-hijos, en que ambos polos salen ganando.

Pues qué descanso poder nombrar lo que se es, lo que se siente, lo que se observa, lo que se hace, sin más. Licitándolo y confiando en que tenemos las herramientas vitales niños y adultos para integrar la realidad, lo que sí no podemos con salud es andar a cuestas con falacias locas  sin consecuencias trágicas para  los niños, los papás y mamás, la sociedad…

Algunos casos en los que solemos mentir a los niños:
  • ·         Cuando hablan de sentimientos que nos cuesta sostener: de enfado, tristeza, rabia…
  • ·         Cuando sucede algún acontecimiento trágico: accidentes, muertes, enfermedades…
  • ·         Cuando somos violentos o crueles con ellos: gritos, amenazas, castigos, invalidación, desprecios, etc…
  • ·         Cuando no queremos que lo que hacemos o decidimos provoque reacciones emocionales en los niños: nos vamos de casa, nos vamos de viaje, decirles que no a algo que desean y ahora no está pudiendo ser, etc…


Vamos a ponernos en claro, porque si  aclaramos quienes somos  podremos transitarnos para llegar a esa otra parte también nuestra de confianza, paz, serenidad, alegría y amor. Teóricamente, no funciona. Es en el acompañamiento de cada día.

Si te ha gustado y te ha servido, por favor comparte y haz que llegue a cuantos más padres y madres y educadores mejor. Un abrazo y gracias. 

Mon Gómez

En La Puerta Azul trabajamos en grupos de confianza para creando lazos entre nosotros poder abrirnos y ayudarnos en esta tarea de acompañar desde el respeto y con la energía del grupo y nuestras tomas de conciencia, se vaya aposentando en nosotros esta nueva energía a la hora de estar y crecer con nuestros/as hijos/as o alumnos/as.
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miércoles, 23 de noviembre de 2022

La Puerta Azul. Alojamiento.

La Puerta Azul es una bella casa mozárabe con jardín, patio y salas de trabajo situada en una calle peatonal entre la iglesia de El Salvador y la ermita de Nuestra Señora de El Águila, muy cerquita del ayuntamiento, el puente romano y las plazas principales del centro de Alcalá de Guadaíra, que ofrece habitaciones compartidas con baños y posibilidad de uso de la cocina para desayunos y cenas.

Cerca puedes pasear por el río Oromana y sus zonas verdes o por las plazas del pueblo, con zonas de descanso y restaurantes variados. 

Hay parking tanto en el Santuario de la virgen del Águila como en la plaza del Duque y plaza del Perejil. Está a 15 minutos de Sevilla.

El acceso a la casa es peatonal.

En las Formaciones que se imparten: 

+ Acompañamiento Respetuoso y para la libertad. Crianza Consciente

+ Ser pareja: abrirse al amor y a la intimidad

+  Eneagrama y relaciones

puedes solicitar alojamiento sencillo en la casa en los trabajos de fin de semana o de sábado y es el espacio destinado para convivir en los residenciales.

Vas a tener que traer tus toallas y tal vez tus sábanas para ello y podrás usar la cocina en los residenciales para el desayuno y cena. Tendrás un espacio en ella para ello. Casi todas las habitaciones son compartidas con baño compartido.

Tendrás acceso a un jardín. Es peatonal la calle y muy silenciosa, no hay vecinos, pese a estar a 4 minutos andando del ayuntamiento. Un buen lugar para descansar.

Para más información puedes contactar con el teléfono/wsp. 682828378




martes, 4 de octubre de 2022

Sexualidad, erotismo y vida

 Cuando estamos hablando de sexualidad consciente no estamos hablando únicamente de genitalidad, la visión es harto más amplia. 

La sexualidad nos invita a la conexión con la vida. La palabra erotismo viene de “Eros” que es el dios de la vida en la cultura griega,  habla de la fuerza de la vida.

 Erotizarnos es poder conectarnos con esa inmensa fuerza de la vida a través de todas sus formas. Son experiencias eróticas, sexuales, estar en torno o atravesada por la alegría, la conexión con la naturaleza,  ver un anochecer y descubrir toda su belleza, un amanecer, ahí estamos erotizándonos, conectando con la vida. 

Esa fuerza es primera en el orden, no la podemos dejar de última. 

Sucede mucho que cuando estamos en la vida cotidiana en estas lógicas de la producción del trabajar, trabajar y trabajar, o en una vida que no nos corresponde, sin orden, sin soltar o entregarnos a relaciones o a partes de nosotros mismos, la sexualidad no la cuidamos y comenzamos a ver los efectos del descuido de esa energía en nuestro cuerpo, en la enfermedad, en el dolor, en la neurosis, en la depresión, en la ansiedad. 

Muchas veces, personas que llegan a mi consulta, me dicen: “Mon, vengo porque estoy deprimida, porque estoy ansioso” y cuando comenzamos a mirar son seres humanos que no le han dado el lugar que le corresponde a la sexualidad, no han respetado su orden, la han dejado de última, han perdido su conexión con el placer, y tras cultivarla esa hora, renacen al gusto de la vida y desaparece la tristeza, la ansiedad... 

Conectarte con el placer no es siempre tener muchas relaciones sexuales, a veces, son una forma de escaparte precisamente de él. 

Muchas personas no se han formado para poder cultivar lo erótico y lo sagrado sexual porque piensan que con lo que recibimos en la escuela en los cursos de educación sexual que nos dieron (quien los recibió) o  a través de la pornografía es suficiente y resulta que ahí, lo que nos están enseñando es a pauperizar la sexualidad y a restringirla únicamente al mundo de la procreación. 

La sexualidad es vida, es disfrute, es conexión, darle ese primer lugar nos va a permitir estar conectados con la salud, con el bienestar, y propiciará también estar disponibles desde ese lugar del femenino y el masculino para recibir y para dar.

Muy pronto, nuestro primer residencial de sexualidad en el trabajo "Ser pareja:abrirse al amor y a la intimidad". Lo abordo con muchas ganas por el cobtenido, con delicadeza y fuerza en atención al bello grupo que lo recibirá y con todo el amor de, además, acogerlos por primera vez tantos días en mi casa, que es también mi lugar de trabajo y un espacio absolutamente privilegiado para compartir.

Abrazos y besos, que seáis felices!

Mon Gómez




miércoles, 18 de mayo de 2022

CUANDO NOS TOPAMOS CON LOS LÍMITES II por Mon Gómez

CUANDO NOS TOPAMOS CON LOS LÍMITES II por Mon Gómez

Juan estaba en el patio desayunando en la mesita. Lola se sentó a su lado en una silla y fue a buscar el desayuno.  Cuando regresó Juan había colocado su gorra en la silla de Lola. Lola miró a Juan para que quitase su gorra: el niño no quiso atenderla. Ella buscó a su mamá para que le ayudase. La mamá se acercó y le dijo a Juan que quitase la gorrita del sitio de Lola y Juan no quiso, le dijo que ese era el espacio de Lola y que quitase la gorra. No la quitó. Finalmente le dijo "No" e hizo un gesto nervioso con su mano: "Este es el espacio de Lola"



Esta mamá, con toda su buena intención, en todo momento trata de resolver la situación y de que Juan quite la gorra de ahí.
Eso quiere decir que está buscando un resultado, que el otro haga algo, mas el otro puede ser o no que quiera hacerlo. 
Cuando hablamos de toparnos con los límites, en ningún caso estamos hablando de resolverle la situación al niño ni de obligarle a hacer algo. Hablamos de actuar en el presente para que se relaje el ambiente.
Los niños contactan con otros niños, circunstancias, y de esas experiencias aprenden.
Si problematizamos las experiencias, juzgamos o nos colocamos en el sitio todopoderoso de resolver, les quitamos la oportunidad de madurar, de que sean ellos mismos, de confiar en sus capacidades y recursos.  
Mas si como adultos percibimos en esta situación dos cosas:
1. Hay irrespeto
2. El ambiente no es relajado

Y cuando no hay respeto o el ambiente no es relajado, no es posible que los seres humanos despleguemos nuestro ser, sino que nos ponemos en modo supervivencia, nuestro cerebro reptiliano se activa y desaparece la posibilidad de desarrollo. Entonces llegaremos a la conclusión de que es necesario intervenir.
Así que si deseamos que la vida florezca y se desarrolle es importante, primero, dar el tiempo para que resuelvan sus situaciones y si no se resuelve y sigue vigente el irrespeto, entonces, desde el respeto a la vida y aceptando a Juan y sus necesidades, a la situación, a Lola y sus necesidades 
  • Informar o  preguntar: Este es el sitio de Lola ,¿vas a quitar la gorra? .  
  • Avanzar la consecuencia coherente: si tú no quitas la gorra yo la quitaré y 
  • Finalmente actuarla: yo quito la gorra del banquito. 
Esto no es una voluntad: es un presente, una acción.
Y ese presente es un regalo dándose con el amor incondicional a ambos niños que se merecen. 
Aquí no entramos en juicio de quién hace bien o mal pues cada uno estaba en su necesidad, sí en que en el presente se dé ambiente relajado para que todos podamos florecer, y esto implica respeto por uno mismo, por el otro y por lo que nos rodea.

Los padres de Juan no ponían límites al irrespeto porque tenían miedo a sus reacciones así que manipulaban u obviaban el mundo para que Juan siguiera viviendo en ese mundo donde las relaciones sociales se polarizan por fuerte- débil y Juan, cada día, se sentía más confuso porque necesitaba que sus padres se apropiaran de la autoridad que les compete como adultos.

La socialización irrespetuosa está definida por la directividad, es decir, por buscar resultados. Y esto no es madurar, no es socializar.

La confianza es la base. Si no confío, mi cuerpo se tensa y pienso que "tengo que resolver".

Tener que resolver es una carga muy alta para ambas partes: evita el contacto genuino, impide la socialización y condena a una parte a no tener recursos propios y a la otra a hacerse cargo de lo que no es suyo.
"Unha desfeita", dirían en mi pueblo.

 Si te interesa el tema, puedes leer también
 Cuando los padres nos topamos con los límites ( I parte) 

Mon Gómez


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martes, 28 de septiembre de 2021

Conseguir un ambiente estimular rico en lugar de una hiperestimulación temprana, por Mon Gómez

 

No es aconsejable llevar a cabo una hiperestimulación temprana porque el cerebro del niño puede que no sea capaz de asumirla y los resultados sean adversos, aunque no visibles.

Estudios con niños hiperestimulados desde el nacimiento indican que no da buenos resultados, habiendo estado de moda por un mal entendimiento de las necesidades del cerebro del niño y de cómo y a qué ritmo los niños precisan de nuestro acompañamiento y de acercarles al mundo que les rodea.


Conseguir un ambiente estimular rico, relajado, dentro de una apacibilidad familiar y de aprendizaje en grupo está en sintonía con ellos, produce una armonía diferente a la de las estrategias de hiperestimulación continuas a lo largo del día.

Nuestro cerebro necesita descanso para poder elaborar adecuadamente la información y no solamente durante el sueño sino a lo largo del día así que va en hilo al desarrollo infantil ofrecer de forma lenta o simplemente preparar un ambiente relajado estimular con intereses para que ellos se acerquen a lo que su cuerpo, sentir, cognición y sensorialidad les pida.

Tiempo, frecuencia y ambiente son claves para el desarrollo de la naturaleza de los niños y niñas.



Un cariñoso abrazo y feliz día,

Mon Gómez
Acompañamiento y desarrollo familiar y en pareja
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