Dado que los alumnos están en proceso de desarrollo hasta
que su cerebro completa su maduración con 22 o 24 años, los adultos maduros
somos los mayores responsables de que se genere ambiente relajado, con la
colaboración del alumnado.
El ambiente es relajado cuando están atendidas las necesidades auténticas. Las necesidades auténticas nos hacen evolucionar como seres humanos y cambian en grado y cualidad dependiendo de la etapa de desarrollo: son diferentes si soy un bebé, un niño, un adolescente, un joven o un adulto. En los entornos sociales y educativos es un poderoso reto atender a las necesidades auténticas e incluir lo individual y particular . A veces esto no es posible, entonces, es necesario nombrar la situación con límites claros, conscientes de que no se está produciendo el desarrollo o que estamos priorizando lo social a lo individual o curricular, e incluir cómo se siente la persona y qué estaría necesitando que, en este momento, no es posible recibir.
Cuando nuestra energía va a satisfacer una necesidad real (ejemplos: moverme y caminar si estoy incómodo físicamente porque llevo horas sentado, una necesidad afectiva de abrazo o cariño con una compañera o un adulto, una necesidad de ritmo más lento para comprender o de cambiar de materia porque mi interés apenas está en esta...) y esa necesidad real se ve truncada por una necesidad grupal, de un adulto, del currículo, etc. es necesario que esta necesidad y lo que me produce estar frustrado ante ella se acoja aunque no pueda tener ahora mismo salida y, desde ahí, podemos:
- Nombrar las distintas necesidades y el límite, tomando una decisión desde nuestra autoridad
- Escuchar la necesidad del joven o niño o compañero y ver cómo podemos hacer para darle cabida incluyendo también la nuestra, la grupal o la curricular
- Plantear que esa necesidad va a ser cubierta en otro momento o situación y concretarla y cumplirlo y pactar que en este momento el joven o niño pueda estar en esta que ahora hemos decidido que es prioritaria, desde nuestro criterio subjetivo.
Y otras....
Tal como he ido diciendo, el ambiente se relaja cuando están atendidas las necesidades auténticas y, cuando no es posible atenderlas, debemos acogerlas, e indicar los límites claros. Ahí podemos ser conscientes de que no se está produciendo el desarrollo o que necesitamos priorizar lo social a lo individual o cualquier otro evento. Conscientes de que se queda una tensión en el niño o joven que será necesario ir integrando o liberar en otro momento. Cuando una necesidad auténtica aparece el organismo genera tensión para actuar y cubrirla; cuando hay un límite, esa tensión se queda pendiente.
- Si hay capacidad de acompañar la frustración, o hay empatía suficiente o nos importa por pertenencia y participación el ambiente social, entonces esa tensión la podremos integrar.
- Cuando nuestras necesidades individuales se han tenido poco en cuenta en el grupo, o tenemos tensiones pendientes de otras cosas o eso que necesitamos no es renunciable, o no vemos el valor del grupo, entonces, esa tensión puede convertirse en un enfado o una desenergetización o un llanto de desahogo. Esta última opción es la más saludable, cuando aún estamos desarrollando aquellas partes que nos permiten tolerar cierto grado de frustración.
Esta tensión puede ser limpia, es decir, no va acompañado el límite o la descripción de la situación de juicios, expectativas, comparaciones, amenazas, o similares o puede generar más sobretensión.
Hay una tensión de base porque mis necesidades humanas
cognitivas, emocionales, motrices, de ritmo y preferencia, no están cubiertas a
menudo y está la sobretensión porque, además, se generan ambientes exigentes
donde nos movemos desde un lugar de juicio o desprecio o amenaza. Entonces,
surgen conflictos evitables.
¿Evitables…?
¿Cómo se siente este otro alumno o profesor o jefa de estudios para comunicarse desde este lugar de estar sobrepasado emocionalmente? Posiblemente también sus necesidades auténticas se ven sobrepasadas y, además, ejerce una presión sobre sí mismo (hablándose internamente con juicio, exigencia, etc.) Esto es dañino para él, el grupo al que pertenece y los alumnos y alumnas que tiene a su cargo.
Existe una jerarquía de exigencia, presión y generación de resultados con recursos y tiempos no posibles que comienza por las exigencias de la administración a los equipos directivos, de los equipos directivos a sí mismos y a la comunidad educativa, del profesorado a sí mismos y al alumnado, y el alumnado que es el depositario final también se rige por esos tiempos desmedidos, contenidos no posibles de adquirir muchas veces, ritmos que no acaban de favorecer lo que sería interesante... a veces.
Muchas otras sí, muchas otras veces el ambiente brilla por su maravilla.
Las veces que no se comprende que hay una tensión de arriba hacia abajo que afecta al ambiente interno de los alumnos y alumnas, que son los seres para los que estamos al servicio, sea tenso, exigente y fuera de su rango de límites y necesidades sanas, estamos perdiendo de vista lo fundamental de nuestro trabajo: generar ambientes relajados y estimularmente ricos para que, atendiendo a la diversidad, se den las condiciones necesarias para que surja la curiosidad natural y saludable.
No podemos olvidar que estamos al servicio del alumnado y que lo sensato es que la práctica educativa parta de ellos tal como nos dicta nuestra comprensión del proceso, y tal como nos indica la ley educativa imperante.
Pareciera que arriba y abajo están de acuerdo pues, si la ley y el alumnado empiezan a coincidir en sus proclamas.., ¿dónde nos perdemos, pues? Esto es una pregunta interesante.
Lo que yo comprendo que es ser profesor, que es enseñar, que es una escuela, que es dar una materia, que es la función del alumnado, impide que se dé con relajación el aprendizaje en algunas ocasiones. Desescolarizarnos interiormente hasta un punto nos ayudaría mucho a recomprender y partir, en serio, de aquello que hay y no de expectativas o ideales que sólo trazan caminos tensionales.
El primer movimiento en una situación de tensión es aislarte en ti para proporcionarte esta dulzura y autoempatía interna en tu circuito interno, es lo primero que puedes atender si lo que deseas es acompañar, y sentirte más o menos feliz en tu práctica educativa y en tus relaciones humanas, y no hacer como que o probar una técnica más que te dejará, también, insatisfecho.
- Aislarme y atender a mi circuito interno: hablarme con calma, con amor, darme cuenta de mis recursos, sentirme libre en mi actuación y no presionado por mi rol, expectativas, etc. En ocasiones, aunque sea un adulto, efectivamente me comporto como un niño o un adolescente en mi práctica relacional, no hay madurez en algunos aspectos de la convivencia y está bien aceptarlo y acompañar a esa parte mía antes de actuar o pedir ayuda a algún compañero, jefe o persona externa.
- Prestar atención, poner presencia a la situación externa y mirarla con aceptación, incluso aunque deba indicar un límite siempre será lo que está pasando y lo que puedo acompañar. Lo que sucede, la aceptación plena de ello, me dará claves para ver cómo actuar. Si lo niego y resto atención, será más difícil encontrar la luz y la llave de la situación.
- Escuchar activamente, sin incluir los juicios o preferencias propias al reflejar la verdad del otro, reflejando la necesidad verdadera del otro y legitimándola e igualmente con la mía, la del grupo, etc. Comprendiendo que esa verdad, aunque sea muy lejana a la mía, es parte de la resolución de aquello en lo que estamos y es importante incluirla y no apartarla. Me puede dar parte de la luz o la llave.
- Garantizar la validación: todos sentimos que aquello que necesitamos es legítimo, se pueda o no dar. Y aquí corresponde poner la energía y la creatividad, para generar ambientes verdaderamente inclusivos donde seamos iguales en nuestros derechos, con los límites que propicien el desarrollo. Ambas cosas nos hacen salir de circuitos de supervivencia y nos llevan al desarrollo humano y a la confianza en encontrar soluciones comunes.
- Otorgar el poder: el poder podemos plantearlo de tres maneras:
- Plntear a la persona o grupo, ¿ qué opciones tienen para atender la situación?
- Proponer un lugar común entre las distintas necesidades si hay varias en juego que atender, ¿ qué podemos hacer?
- Tomar yo una decisión desde la autoridad y plantearla como un límite
En los centros educativos hay una presión de base bastante importancia que atiende al modelo educativo que impera. En los centros de pedagogía activa, esta tensión se relaja, porque el centro de la pedagogía activa es flexible y claro nos incita a acompañar las necesidades auténticas de los niños y niñas o jóvenes y adultos que participan, y a preparar ambientes internos y externos para ello.
Cuando las necesidades están cubiertas, estamos concentrados, serenos, contentos y nos sentimos parte útil de la comunidad a la que pertenecemos y deseamos colaborar.
Así que para no entrar en circuitos de supervivencia y
mantener cierto desarrollo humano, viene bien como primer paso cuidar el
pensamiento, el lenguaje conmigo mismo y los otros, e ir dejando atrás rémoras
como las amenazas, los castigos, los juicios, críticas, comparaciones, etc., orientarnos
al bienestar con un clima humano y de colaboración.
Inicialmente, en nuestro interior. Relajar el ambiente interno, mi comprensión
de mi papel como profesor o jefa de estudios, o compañera, y desde ahí relajar
el ambiente externo,. Comprender los límites personales también ayuda a poder
nombrar y comprender los de los demás. Lo que hay dentro, hay fuera.
Cuando esto no va así, porque no se activa emocionalmente o
porque no está en su zona de desarrollo próximo no hay aprendizaje y pueden
pasar dos cosas: o me anestesio, bajo mi energía y me disocio (me separo de mis sensaciones, sentimientos, me quedo en la cabeza), "estoy sin estar" sosteniendo una situación que no comprendo y me provoca tensión o atiendo a
esta tensión expulsándola de mi cuerpo con conductas de protesta.
Cuando hay conductas de protesta es porque la empatía y el vínculo y el respeto no se han dado en el grado necesario.
Esto me indica que hay necesidades no satisfechas. Cuando
hay necesidades no satisfechas me enfado, entristezco, no quiero aprender, la gama emocional es de
este tipo. Cuando están satisfechas estoy tranquilo, contento, tengo curiosidad y quiero colaborar.
Esto mismo pasa con los profesores. A veces los profesores
confundimos nuestras necesidades y las de los alumnos con las del currículo y
la estructura que nos soporta. Nos identificamos con las necesidades
curriculares. El currículo es una orientación, que parte de observaciones de
niños tipo de esa edad, no una respuesta. La respuesta está siempre en la
observación directa del aula, en las necesidades reales de niños y niñas y
profesorado, familias y la salida a ello suele ser diversificada y activa, en
movimiento y revisión.
El desarrollo humano se produce por un circuito constante de satisfacción de necesidades. Es necesaria cierta tensión para sentir la necesidad y dirigirnos a satisfacerla y, al ser satisfecha, nos relajamos y madura nuestro cerebro, se desarrolla nuestra motricidad o ampliamos nuestro registro emocional, social o ético-moral, es gozoso y placentero. Facilitar ese desarrollo es la tarea del profesor o profesora hacia sí mismo y hacia el alumnado. Que estemos en gozo y concentrados en entornos de vida y aprendizaje es la clave. Y para eso estos entornos deben responder a las necesidades auténticas diversas de los seres que los componen. Es sencillo. ¿Te apetece empezar a ponerlo en práctica?

Mon Gómez
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