viernes, 5 de mayo de 2017

Acompañar el movimiento de nuestros hijos por Mon Gómez


Moverse en libertad, como decía Emmi Pikler, principio de autonomía.

Cuando los bebés han sido respetados en su proceso de adquisición del movimiento y  han ido rodando, sentándose, caminando, cuando estaban preparados para ello sin que el adulto les haya interferido robándoles estas conquistas, cada nuevo logro produce en ellos una verdadera alegría. Esa satisfacción deviene en una actitud de confianza en la vida y en las posibilidades del individuo en ella desde los recursos que le son propios.

Foto cortesía de: lomaslindo.es


El hecho de que un ser humano desde sus primeras experiencias constate el mundo bajo la luz de su movimiento libre: “quiero aquella pelota de allí lejos y no le llego”, “bajo las escaleras gateando acompañada de mamá”, le ayuda a integrar desde lo sensoriomotriz los principios fundamentales del ambiente en el que vivirá durante el resto de su vida y las bases de su capacidad y desarrollo.

Algunas mamás y papás que han seguido estos principios de autonomía motriz en la crianza de sus bebés se encuentran con nuevos retos en el momento en que los niños van creciendo y generando nuevas experiencias de movimiento: quieren trepar, saltar, escalar, subirse a los columpios, etc. Esto se suma a que el abanico social de relación suele ampliarse a medida que los niños crecen y los padres, en ocasiones, atienden a la educación de los hijos “mayores” desde otros lugares o les surgen dudas en contacto con otros padres y madres que siguen dictados de “ ayuda al niño/a” .

Y se dan situaciones como las siguientes:


1.- Raquel está en el ambiente exterior de La Puerta Azul con su hija Alicia. Hay columpios. Los hemos cambiado, los antiguos que no favorecían la motricidad autónoma, por unos de tela, uno de ellos cerquita del suelo para que hasta los más pequeños puedan buscar su manera de balancearse en ellos sin la interferencia de un adulto. Y Alicia está tratando de subir al columpio a su manera. Raquel y Alicia están en un proceso de transición al permiso de moverse en libertad.

Raquel inicia un ciclo de estrés: teme que Alicia se frustre y llore o se enfade al tratar de subir al columpio autónomamente, piensa que no va a poder hacerlo y la reclamará y si no la “ayuda” se sentirá abandonada;  así que avanza su reacción antes de que suceda y entra en un mundo mental y emocional que la aleja de lo que realmente sucede. Ella quiere que la situación concluya y no sostiene el tiempo necesario a Alicia y resuelve acomodándola en el columpio evitando tiempo y confianza. Así, por fin,  la mamá deja de sentir sus propias emociones de frustración y el mensaje atiende a no aceptar la capacidad real, actual de la niña, es necesario ir más allá, subirse al columpio aunque no sea el momento.

De esta situación hay una gran parte que proviene de los juicios, expectativas y anticipaciones , así como del miedo a las emociones de los niños y propias. 
La realidad es más simple: es necesario tiempo y confianza para que se dé el movimiento libre de Alicia y alcance aquello para lo que en ese momento su cuerpo está preparado. Y con tanta más confianza contactemos y relax, más facilitará nuestro acompañamiento, pues los peques andan en simbiosis emocional con sus mamás y las perciben. Amar lo que hoy es, lo que se puede, la capacidad actual desde su aceptación incondicional.

 Tal vez Alicia tendrá que intentarlo e intentarlo hasta que conquiste lo que quiere y así irá aprendiendo sobre la capacidad personal ante el mundo y sus realidades o a la primera de cambio encuentre satisfacción en el balanceo que alcance autónoma. En cualquier caso su voluntad autónoma, su integración de la realidad y sus capacidades, será conquistada en el proceso. Edulcorarle el mundo no le ayudará a vivir en él comprendiéndolo sino que entramos en procesos de manipulación de la realidad que poco pueden aportar al niño o niña en su maduración y comprensión de lo que la rodea. Le enseñamos a falsear la realidad y, al hacerlo, anulamos e invalidamos la libertad para ser, sentir y hacer del niño/a. 

Si elegimos esta opción de que nuestros hijos se muevan en libertad, nos tocará caminar el camino de sostener emociones sin expectativa, desde el no juicio, es decir, aceptar lo que devenga del niño o niña incondicionalmente, aceptar su frustración o su no querer probar o su sí querer intentarlo o lo que sea que venga (que no podemos saber) de esta situación y deslindar lo mío de lo suyo.  Aceptar al legítimo otro. Incondicional. Desde el proceso, sin buscar resultados.



2.- Roberto está en otro momento con su hija. La acompaña al parque y después de meses empujando su columpio ha decidido no hacerlo más. La niña, coge la mano de su papá y la lleva hacia el columpio para que la balancee mas él le verbaliza claro y simple, “yo te acompaño, estoy junto a ti”, sin entrar en si ella podrá o no podrá, simplemente desde la presencia y Elvira lo trata y lo trata, consiguiendo maneras de subir al columpio e iniciar el movimiento.
Esta situación se repite con un familiar cercano instando a Roberto a " bajar a la niña, a ayudarla" cuando ella está tratando de subir a un árbol de manera autónoma. Roberto está cerca, en presencia y confianza, en asistencia segura para la niña. Mira al familiar y le dice que él confía en ella y que la asiste desde la seguridad, así que sigue acompañando a su hija en atención plena. Su hija puede subir y bajar de aquel lugar sin dificultad y Roberto ha mantenido su posición en beneficio de ella y aunque le sigue moviendo el comentario del familiar, no ha permitido que interfiera en el respeto que se merece su hija.

Y a Roberto le sobreviene, al contárnoslo, el recuerdo de  cuando él se lesionó de joven, jugando al fútbol más allá de su capacidad. De su dificultad como adulto para no forzarse.
Los adultos hemos aprendido en nuestra más tierna infancia a ir más allá de nuestras posibilidades y a quedarnos más acá de ellas ( las dos caras de la misma moneda), a no darnos el tiempo necesario y tolerar con dificultad nuestra frustración lo cual nos impide dar lo que hemos venido a dar al mundo.

Nuestras primeras experiencias de autonomía han sido sustituidas por el vernos puestos en situaciones para las que no estábamos preparados y que no dependían de nuestra libre decisión sino de la decisión de nuestros mayores ( ahora la ponemos a andar, o le damos la vuelta o la subimos a este árbol…) y hemos integrado que el mundo era esto: depender de la decisión de lo que el otro espera de mí, y aún algunos andamos buscando esa voz externa que nos oriente. Y dado que la prisa es acompañante de nuestras infancias y no nos hemos visto atendidos en nuestro ritmo lento, no nos damos hoy el tiempo necesario para estar en lo que necesitamos, nos empujamos y forzamos por sistema en muchas ocasiones sin tomar conciencia de ello . 
Asimismo, al aparecer la frustración se podían dar distintas posibilidades: entre ellas que no nos hicieran caso y, por lo tanto, careciésemos de presencia y amor para atender genuinamente a ese sentimiento, o que desviasen nuestra atención para que no sufriésemos o juzgasen inadecuadas nuestras respuestas, y esto hoy deriva en una inmadurez a la hora de acompañar nuestro propio dolor de adultos, en superar dificultades y en el automatismo de sojuzgar negativas ciertas emociones. Por todo ello, hoy nos es difícil poder acompañar nuestra propia frustración y la de nuestros hijos. Todo ello nos genera conflicto interno y malestar, una diatriba cansada entre la realidad, nuestra realidad y los juicios, fantasías, y situaciones forzadas a las que nos empujamos.

3.- Laura ha estado en movimiento libre con su hijo Carlos hasta ahora. Tiene un año y medio y ahora a veces le ayudan a bajar las escaleras, lo alzan del suelo. Carlos se ha caído al suelo de madera del ambiente de los pequeños y dice “mamá”, es de las pocas palabras que pronuncia, así que mamá implica todo aquello que requiere al objeto de su amor. La mamá interpreta “levántame”. Probamos a que la siguiente vez esté en presencia a su lado, serena, cuando Carlos  la llame y espere para comprobar cuál es su necesidad sin anticiparse. En esta ocasión Carlos quería que “mamá” estuviese cerca, mas él mismo se levanta y sigue con su juego sin pedir apoyo motriz ni mayor apoyo emocional tampoco.

Nuestras ideas preconcebidas actúan como filtros que impiden que veamos la realidad, observemos y desde la presencia podamos acompañar la satisfacción de necesidades de nuestros hijos.

Recuerdo a mi hija Carmen, con ocho meses, bajando las escaleras de nuestra casa, de madera, con forma en espiral, y yo respirando a su lado; a cada paso, con cada culada, búsqueda de agarre y vuelta atrás para seguir adelante, me daba una lección de confianza en la vida.
Y a mi hijo Rodrigo escalando hasta lo alto de los viejos olivos de nuestro bosque, hace pocos meses, y respirar de nuevo para envolverme en la confianza y poder acompañar desde ahí. Qué oportunidad maravillosa acompañar a los hijos desde el respeto, de qué sentido nuevo y lleno se impregna el presente y cómo van cayendo límites propios que impiden la libertad y apareciendo otros nuevos que favorecen el respeto por sus procesos de vida.

Moverse en libertad, dar los primeros y siguientes pasos confiando en los tiempos, capacidades y relaciones con el mundo personales posibilita que cada niño y cada niña se siga a sí mismo/a.
Mon Gómez

Mi agradecimiento a cada padre/madre e hijo/a de nuestro grupo en La Puerta Azul, quienes conjuntamente construimos nuestro mejor entender, sentir y acompañar a nuestros hijos día a día.


lunes, 9 de enero de 2017

EL VÍNCULO CON LOS HIJOS por Mon Gómez

Cuando nacen nuestros hijos deseamos ser los mejores padres, deseamos que sean felices y se convierten en nuestra prioridad. Cambiamos nuestras vidas, aprendemos para ofrecerles lo que creemos que necesitan, y hacemos lo que consideramos necesario para que su desarrollo sea saludable. Estos anhelos y esfuerzos son comunes en los padres y madres que conozco.

Llega al mundo mi recién nacido, lo miro, lo toco, estoy y no necesito mucho más ni él, lo primario se activa habitualmente en las madres y nuestro instinto nos vincula orgánicamente con nuestro hijito. Estamos y con esto ya es todo. No hay nada más alrededor. Está él o ella y nosotros. Confluimos con ellos. Este vínculo amoroso primario y primero es la base de nuestra relación con nuestros hijos/as. La nutrición materna por excelencia.




Y van pasando los días, las semanas, los meses y los años. Los niños van cambiando, nosotros también, vamos siendo, cada vez con más libertad de ser y estar y hacer. Y los momentos vinculantes van aminorando.

 Es natural que con la aparición de otras personas e intereses en la vida de los niños/as aparezca una respiración en que en un polo está el alimento materno del vínculo y en el otro las interacciones autónomas con otras personas u otros intereses/ materiales : los papás tras unas semanas se hacen más presentes, más tarde otras personas cercanas de la familia o amigos frecuentes,  empieza a cobrar interés el entorno y son más independientes para poder interaccionar, más tarde inician relaciones con otros niños y niñas, conocidos/as, las personas habituales del pueblo o barrio, y el círculo se va ampliando hasta la adolescencia que es  una poderosa etapa de expansión/ contracción, en que es importante estar solos y también que el círculo sea cada vez más grande para poder ir respondiendo con estos contactos y con una nueva respuesta,  a  la pregunta de "¿Quién soy yo en este mundo?"

Mas cuando los niños cuentan con corta edad, en su infancia, incluso en sus interacciones sociales, nuestra presencia les es necesaria para orientarlos, protegerlos, acompañarlos en su asertividad, mirarlos… y, si estamos disponibles, la tomarán como un bien preciado para su desarrollo.

Mas los padres y madres habitualmente nos desvinculamos a un ritmo acelerado si lo comparamos con la necesidad de los niños. Nos cuesta mantenernos en presencia y los tiempos de fusión  van rebajándose. Nos parece que ya pueden jugar sin nosotros presentes, pueden relacionarse sin nosotros presentes, pueden .. y así es, van adquiriendo esta capacidad, pero aunque vayan pudiendo físicamente, desean desde el amor que estemos frecuentemente alimentándolos con nuestra mirada y presencia, no por una cuestión de supervivencia clara como en el caso de un bebé sino por una cuestión de desarrollo y confianza en sí mismos. 

El desarrollo infantil es lento. En esta sociedad apurada cuesta aceptarlo. Andamos a prisa en todo incluso en estirar a los niños para que crezcan antes. Y somos seres nidícolas biológicamente, es decir, nuestro desarrollo va ligado a un largo tiempo de permanencia en el nido y el nido, además que  la casa física, son mamá y papá;  al contrario de los patos que son nidífugas y saben nadar nada más nacer, los seres humanos para poder aprender a vivir nuestras emociones, conectar nuestros intereses y movernos con capacidad, requerimos de largos años de atención por parte de los adultos de nuestra sociedad.

En algunos casos el tiempo de vínculo se rebaja drásticamente: guarderías, colegios, extraescolares, y cuando los peques están en casa a veces las mamás o papás buscan entretenimientos para que no molesten. Y los niños o se habitúan a esta carencia y la copiarán en su relación consigo mismos o protestan y no sabemos qué quieren, qué les pasa, “si hace un rato que estuve ya contigo, y ya está reclamando otra vez” o juicios duros “ eres un pesado, a ver si me dejas un rato en paz” de los que los niños extraen quiénes son dada su condición fusional con el adulto cuidador: “ soy un pesado, mamá no puede estar tranquila conmigo, le molesto” y necesitan disculpar al adulto del que dependen para poder integrar esta información que para ellos es veraz y además funcionar atendiendo a lo que su madre ( objeto de su amor) le dice que es ( un pesado) y que parte de una carencia de vínculo amoroso de la madre hacia el niño. Cuando crezcan, y su voz interna les pida atención genuina se responderán a sí mismos: “eres una pesada necesitando esto y lo otro, y atención y amor” y no se podrán dar amor a sí mismos y seguirán buscando fuera y devaluándose dentro en un círculo vicioso.

 Cuando la atención no es genuina, no reconforta, la sensación de carencia permanece o cuando es muy esporádica o el acercamiento se produce en la mayoría de las ocasiones para recordar que “ hay que ordenar, terminar la merienda, etc.”


Nuestros hijos están “enamorados” de nosotros, es un mecanismo biológico que ayuda al aprendizaje y el desarrollo, sienten un amor tan profundo que nos necesitan como nosotros necesitamos a aquellas personas que nos inspiran amor, quieren vernos a menudo, hablarnos de lo suyo, contarnos, escucharnos, que nos interesemos por sus intereses y los acompañemos en su vida, como cuando tú conociste a tu marido o a tu mujer y bebías los vientos por él o ella.  Y la manera de mostrar y pedir amor atiende al contacto corporal frecuente, al contacto compartiendo intereses y al contacto amoroso emocional.

Y pareciera que hubiera un deseo de que los niños crecieran rápido o sin hacer mucho ruido, sin interaccionar mucho con nosotros directamente mas no creo que sea un deseo auténtico, sino una dolorosa herencia social y personal,  pues las mamás suelen hablar de lo rápido que pasa el tiempo en la crianza e infancia de sus hijos, con nostalgia. A mí me sorprende esta apreciación. Personalmente no he tenido esta percepción desde que han nacido mis hijos. Hoy creo que tiene que ver con esta idea de estar o no presente, estar o no disponible, estar o no vinculada o echar en falta lo que no se completó , lo que no fue.

Cuando estás vinculada a una persona, el tiempo es eterno. Se diluye la sensación de reloj y va tan lleno, que es un tiempo inmenso. Mas no hay nostalgia porque permanece la presencia en la nueva etapa y la anterior se vivió con dedicación. No quedan flecos pendientes. O quedan menos.

En los grupos de trabajo de adultos, pasa a menudo en mis talleres, que las personas se vinculan desde el primer día, parece como si se conocieran y se sintieran a gusto, cómodos y quieren a sus compañeros. Es porque hay presencia, nos escuchamos genuinamente, compartimos con autenticidad los juegos y hablamos desde el corazón. Estamos para eso. Esto es vinculante y es el alimento relacional más importante que recibe el ser humano desde su nacimiento.

Con los niños esta necesidad es vital. Estar para ellos, estar para mirar lo suyo, acompañar sus emociones, para jugar, estar para perder el tiempo con ellos ganándolo es el alimento para que sigan siendo quienes son y quienes llegarán a ser y lo vivan en valor.

Pues más allá de lo que pueda suceder, incluso si en ocasiones tenemos conductas inadecuadas con nuestros hijos, este vínculo permanecerá y será el fundamento de la relación sana, nutritiva, incluso de poder reparar con amor cualquier situación de desconexión.

(C) Mon Gómez. La Puerta Azul



Consultas individuales a padres, madres y educadores ( tlf: 682828378 )























jueves, 18 de febrero de 2016

FORMACIÓN EDUCACIÓN RESPETUOSA y PARA LA LIBERTAD 2017/ 2018


Nuevos grupos de formación con inicio en septiembre y octubre de 2017
 en Jerez de la Frontera y Sevilla 

Está orientado a padres, madres, profesionales y estudiantes de la educación, guías y acompañantes y cualquier persona con interés en un nuevo paradigma educativo y de desarrollo.

La formación es vivencial y teórica, mediante dinámicas grupales e individuales, reflexiones teóricas y expresiones vivas mediante la pintura, el movimiento, etc. Un trabajo educativo y de desarrollo que abarca lo intelectual, lo emocional, lo corporal y lo comportamental. Puedes consultar el programa provisional unas líneas más abajo .

Tras hacer la formación hay un grupo de adultos al que te podrías sumar, de supervisión y  formación continua.
                                           

                                          

La facilitadora es Mon Gómez Gómez. En algunos talleres puede sumarse una segunda facilitadora, atendiendo al número de asistentes.

El programa consta de diez módulos, agrupados en cinco, seis o diez talleres dependiendo donde decidas hacer la formación.
  1. Bienvenida y presentación. Las bases del acompañamiento respetuoso a la infancia y la adolescencia.Los materiales y los ambientes preparados. El ambiente relajado. 
  2. El lenguaje no directivo y no manipulativo. Lenguaje social, semisocial y egocéntrico.
  3. Las necesidades auténticas de los niños y niñas.Equilibrio familiar de necesidades.Patrones de relación caducos.
  4. Las etapas de desarrollo del ser humano y las bases de la neurobiología y psicología que asientan el acompañamiento respetuoso.
  5. La comunicación no violenta I 
  6. La comunicación no violenta II 
  7. La escucha activa y los límites coherentes con la vida. Agresiones ambientales, intrapersonales e interpersonales. 
  8. El acompañamiento emocional. Acompañar los conflictos desde la confianza.
  9. Propuestas respetuosas: Reggio Emilia ( Loris Malaguzzi), María Montessori, Arno Stern, Rebeca y Mauricio Wild, etc.
  10. Verbalizaciones, juegos  y materiales I.  Etapa preoperativa: sensorial, motriz, afectividad y sexualidad.La complacencia ( El niño de 0-6 años)
  11. Verbalizaciones, juegos  y materiales II. Etapa operativa: lo cultural, lo social, la moralidad del niño/a. ( El niño de 6-12 años) 
  12. Verbalizaciones, juegos y  materiales II . Adolescencia. ¿Quién soy yo en este mundo? (El joven de 12-18 años)
  13. Recopilación y cierre. 


Más información y reserva de plazas: 

lapuertaazul@hotmail.com o 682828378





"La transformación de la educación y, por lo tanto, la posibilidad de generar un nuevo paradigma de vida basado en el respeto y la libertad, es responsabilidad directa de la familia.


Cuando nace un niño nuevo, nacen unos nuevos padres, una nueva familia y una nueva oportunidad de desarrollo para, acompañando a ese niño de manera no directiva y desde el respeto a sus procesos de vida, transformar la relación con uno mismo y con los demás, volver a caminar la propia infancia, y abrirnos a la libertad de permitir ser a nuestros hijos y empezar a ser en plenitud.

De esa nueva comunidad de familias conscientes parte la nueva escuela respetuosa con las necesidades auténticas de los niños y niñas. El vínculo de amor filial multiplica los beneficios de las pedagogías activas no directivas y respetuosas con los procesos humanos de desarrollo."

Mon Gómez Gómez


                                       


martes, 9 de junio de 2015

REVISTA FRACTALEA, Nº 3

Este es el número tres de la revista Fractalea. Javier Farfán y Beatriz Mejías , del proyecto Casiopea (http://proyectocasiopeachiclana.blogspot.com.es/)  en Chiclana la editan. Está en la plataforma Calameo. En este número  algunos artículos versan sobre el tiempo visto desde la perspectiva de los niños/as, la lectura, educación y política y las  programaciones. A partir de la página 36 también podéis leer el artículo "¿Calza o no calza?" sobre cómo vivo el acompañamiento a los hijos/as del que soy autora. Muchas gracias Javi y Beatriz por vuestra labor.

domingo, 12 de abril de 2015

LOS ACOMPAÑANTES

 Acompañante, etimológicamente, "el que comparte el pan con".
 Esta mañana escuchaba a Consu, la acompañante de la Luciérnaga, y me emocionaba con los principios de acompañamiento que comparto plenamente con ella: el respeto, la capacidad, la libertad, el entusiasmo... lo único que me costaba era la palabra "escuela" y su contenido. No estoy conciliada con ella. Sigo pensando que la responsabilidad de la educación de los hijos es de los padres y madres y la plena confianza en alguien y en el sistema del que forma parte para que los eduque gran parte del tiempo sin que forme parte de la misma tribu consciente me cuesta un montón. 
Y después me sentí muy agradecida de tanta gente afín que había en Los Toruños, en torno a la misma idea con variantes de un nuevo paradigma educativo. Un nuevo paradigma vital sería el círculo completo donde todos estamos en este mismo ritmo: padres, madres y la escuela para quien desee hacer uso de ella.
 Entonces me senté a hablar con Consu, a agradecerle sus palabras y lo que irradia. Le estaba dando el pecho a Carmen y hablando con otros amigos. A mi lado estaban todas las barras de pan del aperitivo en una caja de cartón. El acompañamiento, "el que comparte el pan con" y la palabra nutrición que me acompaña desde que empezaron los talleres sigue conmigo... el que se nutre con. Cuánta nutrición en dar el pecho a mi hija Carmen , cuánta nutrición en escuchar a mi hijo Rodrigo -con sus puñitos cerrados llenos de escarabajos- decirme: " me hacen cosquillitas". 
 Cuando me llegó la certeza de que quería cambiar de rumbo y no sabía aún qué hacer con mi vida, entre noviembre y febrero, pensé en que una buena opción sería ganármela con los panes que amaso y horneo. Los amaso a mano durante bastante tiempo, juego con las mezclas, horneo diferente, experimento. Las manos de dar y recibir, que a veces me dolían con las masas más grandes. Finalmente, nació este espacio para la vida, esta Puerta Azul , que es el pan del que me empiezo a nutrir al lado de mis hijos y de Juanjo y al lado de los que os vais acercando tan alimenticios que sois. Y mis manos se van fortaleciendo. Gracias a todos y todas.

miércoles, 1 de abril de 2015

MADRES E HIJOS CUBISTAS.HABITAR EL ESPACIO DE LIBERTAD


(comentario al taller "El permiso para ser y cómo lo transmito a mi hijo". Muchas gracias a todos los que estábais allí)

  En nuestro mundo hay cualidades. Son posibilidades de ser. Así que yo las puedo usar cuando las necesite. Puedo usar  la cualidad de la lentitud y la cualidad de la rapidez,  la cualidad de la simpatía y la de la antipatía,  la cualidad de la amabilidad y la cualidad de la rabia, está la cualidad del cuidado y la cualidad del destrozo,  la cualidad de la despreocupación y la de la preocupación, la cualidad de la introversión y la de la extroversión... podría seguir hasta un infinito y también variando los pares.   Pues yo entiendo que lo contrario de simpatía es antipatía pero para ti el contrario puede ser sosería o cualquier otro. Cada uno de nosotros tiene su camino , y solo uno mismo lo sabe y lo recorre.
  A veces se me olvida que tengo todas esas cualidades y otras me enfado con alguna de ellas, por ejemplo, con la antipatía, me enfado y me cuesta hasta nombrarla. No puedo actuarla en mi vida. Y siento como si me cortase un brazo, el de la antipatía. Me quedo solo con el de la simpatía. A veces ni siquiera me doy cuenta de ello. Voy con un único brazo por ahí y no lo noto porque todo lo hago con ese brazo. Y se me acerca alguien por la calle y me pisa y le sonrío; se me cuelan en el metro y me muestro de lo más comprensiva y simpática,  mi  hijo se ha saltado por tercera vez un límite y yo con cara agradable le digo: cariño, blablabla... Y ahí estoy yo con un solo brazo. De repente mi brazo está agotado y me doy cuenta de que, caramba, si me falta el otro. Bueno, lo he visto, me falta el otro. Respiro. Me pongo a buscarlo. Alguien me dice que irá creciendo a medida que yo lo vaya reconociendo y queriendo como quiero al otro, en su uso útil para mi vida. Y entonces, cuando me pisan por la calle, le contesto al señor que tenga cuidado, y mi cara es seria y clara con mi emoción, y cuando se quieren colar en el metro, mi antipatía recorre mis venas y empujo para que nadie me quite mi sitio, y cuando mi hijo se vuelve a saltar el límite, me pongo a su altura y con voz firme e inflexible le indico la consecuencia que tiene lo que ha hecho ya tres veces y la actúo.
Y ahí estoy, me va creciendo el otro brazo. No me olvido del primero. Porque la primera vez que me pasó algo así, se me olvidó el primero y empezó a encogerse. Hago uso de uno o de otro o de ninguno cuando la vida me lo pide.
Me gustaba tanto  uno de mis brazos,  otra de mis pestañas,  uno de mis pies,  y otro de mis dedos, y al contrario no tanto que andaba como un cuadro cubista.
Rodrigo y Carmen, mis hijos,, más cercanos aún al origen, saben usar muy bien estas cualidades cuando las necesitan e ir pasando de una a otra sanamente. Cada vez que me juzgo una cualidad, también se la juzgo a mi hijo o hija. A veces se la permito sin límite y otras se la castro. Afortunadamente otras muchas la vivencio con ellos y al vivirlas juntos, aprendo de ellos y aprendo de mi. Cada vez que le permito una cualidad, me la voy permitiendo a mi misma. Conociendo su uso y el lugar que ocupa en la vida. 
Y este movimiento de ida y vuelta nos nutre a todos. Y, poco a poco,conquistando el permiso de todo nuestro ser. Y me viene claro que mientras habitamos este espacio cubista, con curvas y aristas, mientras un ojo sea más grande que otro, es porque ese es nuestro espacio hoy, este es nuestra manera hoy, y bienvenida es, que nos hace ser... con permiso de disfrutar del cubismo.
Habitando nuestro espacio de libertad personal y familiar.
Montserrat Gómez Gómez