lunes, 18 de noviembre de 2024

UNSCHOOLING," APRENDER VIVIENDO", por Mon Gómez



Espacio para la vida

Juanjo y yo educamos a nuestros hijos durante su infancia siguiéndolos, atendiendo a sus intereses y facilitando ambientes, esta práctica que se da en llamar unschooling, a mí me gusta nombrarla como “aprender viviendo o vivir aprendiendo” porque más allá de la referencia a la escuela, o a la negación de la escuela, es una ampliación de posibilidades, un ir más allá de cuatro paredes, de unos libros, de ciertas relaciones con iguales, ir más allá, ir hacia la vida. Cuando tomé esta decisión con mi exmarido me venía el sintagma “espacio para la vida” y es que falta de esto en nuestra cotidianidad o, al menos, en la de muchos: levantarse, trabajar, almorzar, trabajar o algún hobby, ratito con peques, tele, dormir. No hay camino nuevo cada día.

Hace unos años viajamos largamente por el mundo, varios meses, con cierto plan que íbamos cambiando a medida que nuestras necesidades variaban. Conocimos culturas diversas, alrededor del globo, y se generaron otros lugares en nosotros. Una de las delicias era levantarse y decidir qué hacer, a dónde ir, cuánto tiempo quedarnos, irnos pronto si no nos gustaba. Elegir el tiempo de contacto y dónde y con quién. Al regresar hablábamos del anhelo de que nuestra vida fuese así, con espíritu de viaje. Resultaba algo vital. Y al nacer en mí la madre, pude constatar en mis hijos esa mirada de viaje con la que llegan a este mundo y quiero protegerla.

Por nuestra organización social y laboral, incluso escolar, es difícil: está determinado con quién y cuándo voy a contactar durante el día, en un alto porcentaje. Incluso más o menos cuánto tiempo. Yo, antes de iniciar esta nueva opción de vida, era profesora en un instituto de secundaria y bachillerato, iba a ver a mis compañeros cada día, compartía con ellos y con los alumnos/as, contactaba con el  de la cafetería. Estaba contenta y no paraba. Si paraba mucho tiempo dejaba de estarlo tanto. No tomaba muchas decisiones aunque vivía bajo la percepción errónea de que sí lo hacía: decidía cómo enfocar este tema en la clase y ser innovadora en mis propuestas al centro y en el aula, sin pasarme por aquí ni por allá, en un marco bien reducido del que no tenía tanta conciencia como hoy; decidía si quería café o té; decidía dónde aparcar...

Tomar decisiones es la base del desarrollo. Cuando los niños están en la escuela van a contactar con este u otro profesor, con estos niños compañeros, incluso si este no le gusta mucho “vamos a ponerlo al lado para que contacte”, y no hay libertad en la relación. Está predeterminada. Así que los niños apenas toman decisiones sobre lo suyo, es decir, no se produce desarrollo autónomo, y lo más sorprendente pasa cuando al llegar a secundaria les pedimos que utilicen su pensamiento crítico tras segarlo día tras día en el proceso previo y … nos decepcionamos cuando no sucede… ¡Ohhh, esto es violento!

 Y esto es lo que hemos vivido muchos de los adultos de nuestra generación que ahora queremos ser padres disponibles y amorosos, y nos toca tomar decisiones que cambian la raíz del acompañamiento que nos han dado a nosotros.

Como adulta cuando me he decidido a empezar a tomar decisiones conectada con lo mío, he empezado a contactar con que el suelo bajo mis pies no es tan estable, ha empezado un proceso duro y maravilloso de reconstrucción y unos cuantos terremotos. Bajo mi piel, una niña de unos seis u ocho años sigue creciendo, aprendiendo con cuerpo de cuarenta y dos, porque entonces no pudo decidir y ahora, a veces, tiene miedo. Y aún con miedo, no hay otra manera de aprender a tomar decisiones que tomándolas. Por esta constatación es tan importante para mí que mis hijos vayan viviendo este proceso a la edad que les vaya correspondiendo. Pues las consecuencias de sus decisiones serán de un calado diferente a las de la adultez.

Que un niño pueda tener a menudo la oportunidad de decidir qué hacer, a dónde ir, cuánto tiempo quedarse o si irse pronto si no le gusta, es un aprendizaje vital. Es una respiración entre el ritmo social e individual y de elección de vínculos

Y si no tiene chance de tomar decisiones durante el tiempo escolar, como padres y madres podemos enfocar su libertad durante el resto de la jornada: ofreciéndoles espacios preparados y relajados, en contacto con nosotros u otras familias afines que permitan el vínculo seguro y den el espacio necesario para que las niñas elijan lo que deseen hacer con su tiempo. Lo que quieran, sin juicio. Esta realidad les ayudará a vivir de adultos una vida libre, donde elijan, con quién, sabiendo para qué van a utilizar su tiempo, su ser, su energía… desde dentro, a qué quieren dedicar su vida, qué han venido a hacer a este mundo.

Una de las sensaciones más hermosas de nuestro viaje fue esa libertad y la vitalidad y color que proporcionaba nuestra mirada nueva al mundo. Los niños vienen así, nacen así, con esta cualidad vital, permitamos que la sigan disfrutando mucho tiempo. El "todo es posible" como base de su capacidad y sus posibilidades de desarrollo bajo la mirada del amor,  desde la aceptación de su legítimo ser, sentir, percibir, hacer y estar y de cada hálito de vida que van compartiendo con nosotros.


En nuestros grupos de formación hemos creado un ambiente preparado y relajado para que las familias puedan acompañar desde el respeto y la libertad y puedan entrenar esa parte de sí mismas para llevársela a casa después, y seguir en sus casas acompañando desde la libertad. Con la intención no es suficiente en ocasiones y es útil el apoyo del grupo, el ambiente preparado donde el proceso es lo que reina, el estar, para vivir con mayor calidad la relación y el vínculo filial.

Mon Gómez



Acompañamiento a los hijos en ambiente preparado
Consultas individuales y formación a colectivos
en acompañamiento consciente a los hijos/as y
crianza respetuosa con sus procesos de vida 

Teléfono: 682828378


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domingo, 17 de noviembre de 2024

Acompañar a nuestros hijos con seguridad



Esa seguridad preciosa que necesitan para ser.

En procesos de acompañamiento respetuoso  los papás y mamás solemos perder el referente educativo que conocíamos y ese darse Algo así como aprender un nuevo idioma, una nueva cultura. 
Y, como tal, necesitamos tiempo, entrega, apoyo y cierta habilidad. Y ,en este momento, es posible que nos sintamos confusos como padres y madres: 
¿Cuándo informar y cuándo permitir que los niños se autorregulen solos? 
¿Cómo indicar un límite de convivencia?
 ¿Cuál es la línea entre el autoaprendizaje social y nuestra necesaria presencia para acompañar el proceso? 
Y otras muchas dudas que irás resolviendo en el viaje con tus experiencias concretas en la crianza y educación .
Y es parte de este proceso de cambio de paradigma y natural y necesario acompañarnos ahí, y ayudarnos con apoyos de grupos, guías y lo que necesitemos.
Aquí van algunas tablas de rescate por si os pueden servir. Tal vez os sirvan u os inspiren para buscar las vuestras propias. 
A mí ser consciente me ha ayudado y os lo comparto:

1.       Me estoy apropiando de mi responsabilidad como adulto . Ya no soy una niña.
Hay cuestiones en que los niños merecen ser informados, para que puedan buscar otras alternativas que les sirvan .
Y hay cuestiones que, dependiendo de la edad del niño, toca decidir a sus padres.
Asumir una autoridad sana es natural, biológicamente somos los guías y una preciosa oportunidad para acompañarnos a nosotros mismos, a nuestros niños internos y , sobre todo, a los hijos que tenemos.
A veces nos asusta ser autoridad y esto o nos da miedo y nos paraliza o nos enfada, que es bastante parecido a fin de cuentas. Suele haber algún tipo de conflicto de rebeldía o falta de asunción de la figura de autoridad interna, habitualmente por la relación que hemos tenido con papá o mamá, puede ser que en un primer momento ni catemos que es necesaria autoridad y tendamos a funcionar como perennes coleguitas.
Resulta que somos papá o mamá y no los amiguetes y aquí suele haber dificultad: o buscamos a otro que haga nuestra función (nuestra pareja) o soltamos amarras y dejamos de estar presentes en situaciones que piden nuestra intervención. No maternamos. No informamos.
Hacer un ejercicio de reflexión sobre cuáles son los límites necesarios: pocos y firmes, como paredes de la casa para sostener y aportar seguridad, constantes, previsibles.

2.       Me atrevo a contactar con lo que sí y con lo que no. Si vengo de un paradigma tradicionalista, diría que me atrevo a contactar con lo que sí y después tengo un tiempo necesario para valorar mi relación desde ahí.
Esto me ayuda a, con la experiencia, ir apropiándome de mi autoridad sana y, no evitar equivocarme. Somos libres para acertar y equivocarnos. Esta es la libertad. Y de ambos lugares proviene el crecimiento.

3.       Confío en lo que percibo del niño. Hemos estado unidas nueve meses física y emocionalmente, y otros tantos al menos o más en un contacto muy continuo con el cuerpo del bebé. Claro que lo sentimos y no nos miente con su ser y sentir: plasma exactamente lo que como familia vamos necesitando y es nuestro espejo. Si tienen suficiente libertad para decir nos dirán: me hablas fuerte,me duele eso que haces, o llorarán ante nuestras actitudes, gritarán, etc. y este síntoma será necesario atenderlo, observar qué profundo está en desequilibrio y qué ayuda nos presta el niño para poder reajustarlo.

Me doy el necesario tiempo personal, en pareja, en familia, para reflexionar sobre nuestras prioridades personales, familiares, y utilizo energía para ello en lugar de improvisar y seguir utilizando la misma manera si no está funcionando. Buscar un tiempo de calidad para determinar y dialogar con la pareja y con los niños y ajustarnos en cuanto a aquello que necesitamos como familia y llevarlo a nuestras vidas para que mejore su calidad. Cuidarnos, darnos la real importancia, atendernos, conocernos y reconocernos en la crianza.



Al final, y en resumen, habitan niños dentro de nuestros cuerpos de adultos, y esos niños se relacionan a veces con nuestros hijos, así directamente, por lo tanto pasa lo mismo que cuando los niños están solos: cosas maravillosas y falta de presencia adulta…necesaria para valorar, validar, apreciar, amar, ser claros y firmes, informar,  e indispensable para que los niños crezcan: los que hemos parido y los que viven en nuestro interior.


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sábado, 16 de noviembre de 2024

" La madre raíz es una madre que conoce su vulnerabilidad" por Mon Gómez

"La madre raíz es una madre que conoce de su vulnerabilidad.

Una madre que se ha agitado como un junco al aire y se ha mantenido prendida a la tierra.

Y porque se han movido su tronco y sus ramas se va reempoderando de su fuerza desde un lugar más consciente.

La madre raíz no es incólume ni impertérrita,

contiene flexibilidad porque se ha mecido.

Y, en ocasiones, le parece que hasta su suelo tiembla y se pierde,

y todo ello le da la virtud de conocer su enraizamiento,

su seguir en el presente, al aire, al temblor, al viento,

confiando cada día en su asiento.

Ha podido comprobar, o va pudiendo, que permanece en pie,

incorporada en su cuerpo, en sus sensaciones más básicas y reales,

en alianza con su vulnerabilidad,

y esto la convierte en madre raíz.

A pesar de sus anticipaciones catastróficas,

a pesar del temor a no saber ser lo que ya es,

a pesar de la insondable melancolía de los ecos del pasado que le llegan con los hijos,

sigue aquí, ahora,

en este presente,

tangible su cuerpo,

real y constante su respiración,

como un regalo divino

en relación de amor con el hijo.

Y esos pesares son los que le han hecho constatar el peso de la tierra
y la necesidad y realidad de que está enraizada a ella,
desde que el hijo despertó a este mundo nuevo.

Y, verdaderamente, esto, le ofrece la compasión y la dulzura necesaria para alcanzar la comprensión y

el desarrollo de percibir más allá de las fronteras de la lógica.

Así, agradezcamos nuestros temblores y llantos,

nuestra impotencia y confusión,
nuestra fragilidad,

que nos recuerdan que son y somos parte de la vida,
y también, con todo ello, y gracias a todo ello, maternamos.

...y paternamos."

Mon Gómez


A todas las madres raíz que van pasando por mi vida. 

A todas las madres raíz que van tomando conciencia del poder de su tierra en el proceso de acompañar a sus hijos desde el respeto y la aceptación.

Y a Ana, que ayer despertó en mí la necesidad de escribir este texto. Gracias.


Mon Gómez 
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viernes, 15 de noviembre de 2024

"A personas felices, madres complacientes" por Mon Gómez

"A personas felices, madres complacientes.
Así que cuida de tu contento, de tu alegría.
Conéctate a la generosidad de la vida.
Siente lo radiante, el juego, y date atención exclusiva.
Escucha tus necesidades y gratifícate, relájate, concéntrate y disfruta.
Concédete espacios de calidad y compañías de calidad.
Pues si no lo haces, es probable que trates de cubrirlas a expensas de tus hijos,
es probable que tu niña interior enfadada, triste o frustrada le robe su lugar a tu hijo real.
Cuanto más feliz seas, más conectados estarán tus hijos a la fuente de la vida.
Cuanto más cuides de tu paz interior y tu plenitud, de tu amor y aceptación,  más estarás cuidando de la salud de toda tu familia.
A personas felices, madres complacientes y vinculadas,
¡...y padres!"

Mon Gómez


TLF. 682828378 (mejor whatsapp)

UNA VOZ QUE GUÍA TUS PASOS por Mon Gómez

No se acaba quién eres ni en el sentir ni el pensar.
Contactar con lo que sentimos y ordenar lo que pensamos es necesario y un paso.
Sentir es un producto de la mente.
Y hay más allá de sentir y pensar una voz que guía tus pasos.
Hay quien piensa y se olvida de su pasión, su entusiasmo, inocencia...su parte niña. En algunos momentos cada cual actuamos así.
Hay quien siente y no pone en acción su capacidad de planificar, conectar ideas...y desprecia en esto a su parte intelectual adulta. En algunos momentos este es nuestro comportamiento.
Nuestra niña y nuestra adulta están deseando escuchar a esa voz que las guía, profunda, sencilla, más allá de la mente, y ser escuchadas en sus rabias, dolores, anhelos, deseos, para ir creciendo verdaderamente y enfocarse en el amor que les es propio.
No como un ropaje, sino desde la desnudez.
Al acompañar a los otr@s, sobre todo los más pequeños, nuestra parte emocional reclama lo que no tuvo y entra en conflicto de intereses con nuestros hijos.
No sabe de que ha pasado el tiempo y ya nadie, más que ella misma, le dará lo que está lícitamente queriendo.
Nuestra parte intelectual que se abre a la lucidez a veces pierde protagonismo o entra en disensión con las ideas heredadas de nuestros padres y se confunde.
Ver este proceso con lucidez, poder expresar lo que se quedó sin decir en ambientes seguros para poder liberar esa energía y aumentar nuestra comprensión de nosotras mismas, nos va colocando en el lugar del amor por mí, por mis hijos, por mi pareja, por los que me rodean...
El amor como centro vertebrador del ser y estar. Como satisfacción legítima, que me es propia.
Mon Gómez




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jueves, 14 de noviembre de 2024

¿PARA QUÉ INTERVENIR EN EL JUEGO DE L@S NIÑ@S? ESTAR PARA SER por Mon Gómez

¿Para qué intervenir en el juego de l@s niñ@s?
ESTAR PARA SER. EDUCACIÓN RESPETUOSA.  Por Mon Gómez

Este artículo está escrito a petición de Patri. Para ti y tu familia y otras familias a las que sirva. 

Producir y hacer son lugares de éxito y valor en muchos grupos humanos hoy. Hay una inquietud vital que se traduce en un reclamo de vivir en el sosiego, lucidez y simpleza. Estar, quedarse, permanecer en un estado de concentración relajada empieza a convertirse en una necesidad.
Las personas se sienten solas, no hemos aprendido a acompañarnos y que nos acompañen y nos charlamos demasiado a nosotros mismos.
El silencio de acompañarnos estando para nosotros, es el mismo de acompañar a nuestros hijos estando para ellos, para que puedan ser y en un futuro sepan acompañarse estando para sí mismos.

Y ese silencio ayuda a gestar en nosotros el respeto por sus juegos, sus ritmos de aprendizaje, por su movimiento autónomo y sus intereses genuinos.
Si los irrespetamos e imponemos nuestra manera de jugar, con la mejor de las intenciones, y transformamos sus juegos, o los movemos hacia lo que a nosotros nos interesa con frecuencia, o no respetamos sus ritmos de aprendizaje o descubrimiento y les adelantamos respuestas o capacidades, entonces aprenden que lo suyo no, que mejor lo de papá y mamá. Y lo suyo, ante todo, sí. Lo suyo, lo que traen, sí. Si lo suyo no, entonces aprenden a desconectarse de quien son genuinamente y pierden el sentido real de sus vidas. Así que este artículo protege que lo suyo sí.

Retomar el estar implica madurar la escucha y para escuchar es necesario silencio, calma, tiempo y confiar. Para escucharnos a nosotros mismos y escuchar a nuestros hijos y sus genuinas necesidades y respetarlas, y amarlos por lo que verdaderamente son.

Realizamos como padres algunas acciones automáticamente sin plantearnos las consecuencias que pueden tener en el desarrollo pleno de los niños y niñas,  y es interesante ver esas consecuencias para poder decidir libremente si queremos o no seguir haciéndolo así.

Algunas de esas acciones están vinculadas a intervenir en el juego, intereses, movimiento y ritmo de descubrimiento natural de los niños y niñas y yo me pregunto para qué lo hacemos como padres, porque tiene su sentido y aparentemente es un sentido desde la bondad:

  •   ¿Para qué intervenir en el juego de los niños?
  •  ¿Para qué hacerles preguntas sobre a lo que a nosotros nos interesa?
  •  ¿Para qué moverlos, columpiarlos, alzarlos a donde no llegan o negarles el tiempo y la confianza para que bajen ellos por si mismos?
  • ¿Para qué corregir y criticar?

Cuando he hecho  estas preguntas a padres y madres que siguen una educación tradicional o nos las preguntamos en el grupo de La Puerta Azul o en familia, cuando alguno de nosotros se observa en estas maneras de estar con los peques, las respuestas son variadas pero su esencia podría resumirse en las siguientes motivaciones:
  1.   para mostrarles interés y amor,
  2.   para que aprendan cosas importantes,
  3.   para ayudarles,
  4.  para ahorrarles frustraciones y que no se equivoquen.

 En este artículo voy a ir desgranando cada uno de estos motivos  para que podamos reflexionar sí  y, en tal caso, cómo podemos enfocar desde otro lugar esos motores de relación con los hijos/as .

     1. El primer motivo que se argumenta para defender el intervencionismo es “Mostrar interés y amor”

“ ¿Cuándo te has sentido verdaderamente amado/a por alguien? “, es una pregunta que suelo hacer a los padres y madres que atiendo. Y las respuestas suelen ser:
  •  Yo me siento amada cuando alguien comparte conmigo algo que me interesa mucho,
  •  Cuando ve cómo soy y así me quiere,
  •  Cuando me acepta sin condiciones, le cuente hasta el más íntimo secreto, sin juicio.
  •  Me siento amada ahora que estás concentrada en mí y no hay nada más importante.

Decía Maturana que amar es “aceptar al legítimo otro” y puntualiza Mauricio Wild que amar es “aceptar el absurdo del otro”.

La lógica de los niños nos es ajena, inadivinable, pues sus asociaciones cognitivas son casuales en la etapa 0-6. Los niños están en un mundo regido por lo sensorial, el movimiento y los afectos, lo cognitivo no está madurando apenas. Así que sus juegos son particulares, y su manera de aprender el mundo otra que la nuestra adulta. El instrumento y acción de que dota la naturaleza al niño para aprender es el juego. Y entendiendo que son ellos los que conocen qué necesitan ( ver mi artículo “Criar en libertad” ).

Es el juego algo muy serio y necesario de ser mirado, acompañado sin interferir, desde ahí se irá produciendo su confianza en quiénes van siendo, en cómo van percibiendo, en cómo van sintiendo, una confianza de raíz. Sobre todo los juegos simbólicos y creativos de los niños en sus primeros años.

En los acompañamientos de La Puerta Azul estamos en no intervenir en el juego del niño. Para algunos papás es una experiencia diferente a lo cotidiano y así surgen ajustes. Tampoco es algo que radicalmente defendamos sin fisuras, pues acompañar jugando genuinamente, cuando de verdad nos apetece y somos capaces de entrar desde nuestro niño, es verdaderamente nutritivo… mas es bastante difícil que así sea y depende de tipo de juego que se genere es posible o no entrar sin interferir, así que de momento hemos decidido durante los tiempos de acompañamiento no jugar con ellos al menos en aquellos juegos simbólicos y creativos en que inventan el mundo a su manera. Y esto es lo que va pasando…

Sonia con su hija Cintia. “ Hoy no he intervenido en su juego, me he quedado mirando, le he dicho que yo quería mirar cada vez que me planteaba jugar con ella y no le ha molestado. Su juego no ha sido tan disperso. Iba de una actividad a otra y podía enlazar el sentido que para ella tenía. Cuando juego con ella, interrumpo su actividad natural y no sucede esto, se dispersa”
Jugamos con los peques para mostrarles nuestro amor y atención en la mayoría de las ocasiones. Para los niños el juego es su canal de desarrollo por excelencia. Es algo absolutamente vital. Y la relación en el juego niño- adulto es asimétrica por varias razones:
  •     los adultos tratamos de dirigir, en muchas ocasiones acabamos creando el juego a nuestra manera;
  •      los adultos  somos más altos y somos, queramos o no, la autoridad;
  •  los adultos no solemos jugar genuinamente con ellos, el juego no es vital para nosotros.

No nos es posible saber qué se está desarrollando, creando, explorando en la cabeza de un peque y nuestra lógica adulta interfiere con ello una y otra vez, impidiendo que se cierren ciclos de experiencia autónomos, libre decisión que es la que crea nuevas conexiones neuronales y favorece el desarrollo y maduración del niño/a.

Según Maturana la vida se da dentro de una membrana semipermeable protectora, pero el desarrollo y maduración vital es interior, es un proceso que atañe al organismo vivo que en contacto con su medio va buscando de él aquello que va necesitando para satisfacer necesidades auténticas. Es un proceso autónomo y solo el propio ser humano sabe cuál es su necesidad en su interacción con el mundo que le rodea si está verdaderamente respetado y conectado.

    2. El segundo motivo que se argumenta para defender el intervencionismo es “Que aprendan cosas importantes”

El proceso de desescolarización de nosotros, padres acompañantes, es mucho más que no ir a la escuela, atiende al entendimiento de que juego y vida y trabajo y aprendizaje van unidos, vinculados y pueden ser uno en muchas ocasiones, también a que no hay un currículo establecido más interesante que otro, sino que la vida está llena de posibles aprendizajes y cada niño y adulto nos creamos nuestra singular carretera de aprendizaje, nos creamos nuestro propio viaje mediante el que vamos conectando intereses guiados por nuestra emoción y pasión. Los tiempos, edades, temas, no vienen prediseñados, tenemos la libertad de diseñarlos nosotros desde lo que nos es más propio y genuino.

 Raquel juega en la mesa de agua. Tiene tres años. Su papá la acompaña sentado en una mesa cerca. Ella descubre un tesoro. Está fascinada por el tamaño, la humedad, el color, y cada característica de este tesoro. Es una pequeña hojita de olivo que ha caído al agua. Se la lleva en la yemita de su dedo a su papá. Raquel tiene tres años, su percepción del mundo es sensorial, no entiende de razonamientos ni conceptos, sus sentidos son su brújula.
Y el papá, con toda la buena intención, quiere mostrarle interés y le dice “ ¿qué es esto, Raquel?” (es una pregunta ciertamente vacía, pues la simpleza de lo que es hace pensar que la niña conoce su nombre, así que la pregunta sorprende a la niña que se queda en silencio y desvía su centro  de interés).  A la hija no le interesa lo que es, no entiende, se queda mirando y él, entonces, para ayudar, le dice: “ es una hoja, ¿verdad?”  Raquel finalmente accede a complacer a su papá en el interés que le muestra por su nombre y le contesta “sí” pero ha desviado su atención de lo que a ella le interesaba verdaderamente. No se ha sentido sentida y ha habido interrupción de su proceso de experiencia y su constatación de amor/ atención.

Solo una observación y presencia amorosa atenta, sin palabra, o una descripción serían más próximas al sentir que puede tener Raquel. Y eso sí la habría hecho sentirse comprendida en la fascinación del tamaño, textura y color de la hojita de olivo.

 Lo cognitivo en la escala de los aprendizajes humanos está supervalorado por encima de lo emocional, motriz y espiritual así que esto, desde bien niños, lo reciben nuestros peques, incluso en entornos libres, cuando se dan apreciaciones o comentarios que desvían la atención hacia ello. Y en seguida los niños se adaptan: “si para que me quieran es interesante saber nombres, conceptos, etc., lo haré, antes de que de manera natural me surjan.”

  3. El tercer motivo que se argumenta para defender el intervencionismo es , “para ayudarles”

Roberto tiene 5 años y le pide a Gemma que le pinte la cara de tigre. Ella, solícita, lo hace, a su manera. Y Roberto no tenía en mente ese dibujo que se encontró en el espejo y se enfada. Para él es más difícil bregar con esta situación que con la posibilidad de hacerlo él mismo y aceptar o frustrase por lo que consigue. Porque el juego está en su mente.
En realidad a Gemma tal vez ni le apetecía tanto pintar la cara pero no sabía cómo decir que no sin que molestase al niño, porque no está integrada la bondad de la autonomía y el derecho al autorrespeto, por ende.
Y cuando Roberto se frustró, entonces ella le sugirió todo lo que podía hacer: “borrarse la cara, pintársela de nuevo…” se lo decía muy rápido, a un ritmo que el niño, absorto en su emoción, no podía contemplar. Cuando le dio espacio y lo dejó, manteniéndose suficientemente cerca para que él percibiese que estaba allí, él mismo decidió borrarse la cara, sin que nadie le apuntara cómo hacer.

Un organismo no puede desarrollar al otro. Es un mecanismo de autoconstrucción el que  nos permite ser y para ser de pequeños necesitamos a alguien a nuestro lado que esté presente, disponible y responsable, que no esté tan ocupado en ser lo que no fue, en mostrar, como en estar a nuestro lado acompañando en presencia y con amor y respeto nuestro proceso como peques.

.   4. Otro motivo posible para defender el intervencionismo sería “Que no se equivoquen. Corregirlos.”

Esto a mí personalmente me ha costado mucho en la vida aprenderlo. No tanto hacia mis hijos sino hacia mí misma y otros adultos. Aún estoy en ello. Hay una dificultad para asumir el fracaso como parte nutritiva e inevitable de la vida, y un querer colocar un salvavidas que evite la frustración o caminos más largos. Qué soberbio no rendirnos a la vida y entender que nada malo ni bueno tiene acertar o no acertar, que qué es acertar realmente, si no sabemos las vueltas que puede dar el juego…

Mónica está con su hijo Álvaro de dos años. Álvaro tiene unos lápices en una caja. Los tira y quiere meterlos por un orificio que no es “el correcto” . Mónica se  los quita, los trata de colocar mostrándole la manera. El niño la mira, coge la caja y la tira hacia atrás. ¿Han hecho lo mismo el uno con el otro? ¿Se han tirado el juego por la borda?

¿Cuál es, pues, la manera correcta? Cualquier científico, investigador, descubridor, piensa divergente, no entiende que hay una única lógica correcta, sino que su particularidad, como el niño, le lleva a descubrir lo nuevo del mundo. Igual que al niño. Confiar en su lógica y en su proceso le llevará a que confíe el mismo, disfrute del placer de descubrir autónomamente y se sorprenda por el mundo que le rodea sin que le roben ese placer los adultos, ese descubrimiento y sorpresa.



Y, pues, 
¿Qué necesita un niño?
  • Amor, presencia, interés por lo suyo, responsabilidad en la relación, cuidado, respeto por quién es y cómo hace ( ritmos, emociones, pensamientos, etc). Y que sus padres se amen a sí mismos como padres, se ofrezcan autopresencia y entre ellos, responsabilidad en su relación con el otro y entre ellos, respeto por qué tipo de padres y madres son y sus ritmos, emociones y pensamientos.
  • Que lo acepten como es y que lo acompañen en su proceso de seguir siendo. Y que sus padres se acepten como son y que se autoacompañen en su proceso de seguir siendo.
  • Un ambiente rico que le nutra de experiencias y le dé tiempo para digerirlas: contacto y retirada automodulados. Que sus padres tengan también un ambiente de apoyo entre adultos y con otras familias que nos nutra de experiencias y condiciones adecuadas para irnos colocando en nuestro mejor ser y tiempo para ir digiriendo y colocando cada nuevo lugar aprendido.


Mon Gómez




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